Biografía, ¿para qué?

Desacatos 50

Me resulta particularmente grato estar aquí hoy para presentar la sesión temática del núm. 50 de Desacatos porque, aun si no es redactado nunca una biografía de tipo clásico, he estado, por decirlo así, dando vueltas alrededor del tema de la escala individual en la historiografía y esto por lo menos durante todo el doctorado y también en dos trabajos posteriores. Dicho esto, y a pesar de haber escrito y reflexionado en algunas páginas sobre las vertientes teóricas y metodológicas propias a la escala individual y a la escritura biográfica, prefiero pensarme como (y ser) un practicante de las historias de vida. El tipo de análisis que me interesa y, casi diría, me apasiona es la lectura e interpretación densa, en profundidad, de las acciones personales y de los diferentes detalles a veces aparentemente insignificantes que se encuentran, por ejemplo, en los documentos que nos permiten acercarnos a destinos individuales. Intentaré entonces comentar parte de los trabajos de este número de Desacatos a partir de esta perspectiva, mirada más bien.

Daniela Spenser inicia el texto de presentación del dossier escribiendo que “la biografía no es un género de la historia que se pratique en el ámbito académico mexicano”. Ahora, y dejando de lado las biografías escritas por Enrique Krauze que Aurelia Valero recuerda en una nota de su ensayo, creo útil añadir que un libro de tema mexicano tuvo una importancia fundamental en el despertar de casi una moda de trabajos de escala individual y a veces escritos según las reglas del género (auto)biográfico. Me refiero obviamente a Los hijos de Sánchez. Autobiografía de una familia mexicana (1961/64) y a Pedro Martínez. Un campesino mexicano y su familia (1966/70) de Oscar Lewis.

Además de esto quiero señalar que la vertiente menor, por decirlo de manera un poco provocadora, del género biográfico, me refiero a los estudios de caso y/o historias de vida, sí ha tenido una cierta importancia en la historiografía mexicana, sobre todo en las investigaciones hechas a partir de los documentos inquisitoriales. Sin embargo, gran parte de estos trabajos han sido publicados bajo la forma de artículos o divulgados en ponencias, al punto que tal vez ninguna de las personas objetos de estos estudios de caso ha tenido el privilegio de ser sujeto exclusivo de un libro. El otro punto casi característico de esta producción es el hecho que los protagonistas de estos trabajos a menudo tienen que compartir las pocas páginas de un ensayo con consideraciones y justificaciones de carácter metodológico y, sobre todo, largos párrafos de “puesta en contexto”, lo que produce textos que a veces no llegan a presentarnos de manera eficaz el/la protagonista.

En el caso de este número de Desacatos la reflexión de tipo teórico y metodológico ha sido desde el comienzo el enfoque privilegiado debido al hecho que los organizadores del coloquio que está al origen de esta sección temática pusieron este aspecto al centro de la reflexión. Personalmente no comparto esta elección pero se trata de una opinión de carácter muy subjetivo y que no me impide apreciar los textos escritos según esta perspectiva. Sin embargo, estoy convencido que tomar esta decisión puede complicar la tarea de la escritura e inclinar a producir textos que corren el riesgo de no concentrarse suficientemente en la persona objeto de estudio. Pero esto, como apenas dicho antes, es un rasgo de gran parte de los trabajos históricos de escala biográfica escritos en México, por lo menos hasta no mucho tiempo. Como vemos, el género biográfico es bastante practicado en México, lo que hace más falta es abordarlo, en todas sus modalidades (y/o subgéneros) de una manera más libre, libre sobre todo del complejo de la escasa cientificidad de este enfoque, una suerte de prejuicio fundado en la supuesta falta de representatividad de la escala individual. Dicho esto confieso que este complejo me ha perseguido por gran parte de la duración del doctorado y que me he librado definitivamente de él solo en el momento de la defensa de mi tesis.

La excesiva subordinación al principio, casi un dogma, de la representatividad ha impedido abordar este género de manera más serena, sin prejuicios (a veces casi implícitos, no reconocidos por los mismos investigadores) y, de este modo, llegar a concentrarse en los elementos más productivos ligados a la utilización del género biográfico y la escala individual.

Después de este preámbulo veamos ahora los dos ensayos que me ha tocado comentar.

Milada Bazant, que ha ya publicado en 2009 un libro sobre la maestra y escritora, Laura Méndez de Cuenca y ha sido coordinadora de Biografía: modelos, métodos y enfoques (2013), presenta un texto intitulado “Espacios, lugares e imágenes en la construcción biográfica. El maestro Clemente Antonio Nava durante la época de Maximiliano”. Se trata de un maestro de escuela primaria de origen indígena, activo en la segunda mitad del siglo XIX, y que fue autor de varios libros de textos y de didáctica.

Según la autora se trata de un “ejercicio metodológico acerca del recorrido que puede realizar el biógrafo en el macro, medio y microespacio para conocer los mapas culturales de su biografiado” (28). Para conseguir lo que define como una suerte de “historización” del espacio en el cual ha vivido este individuo, Milada Bazant se apoya en una amplia gama de imágenes producidas en la época: mapas, pintura de paisaje, litografías.

Personalmente he apreciado, y mucho, la parte en la cual Milada Bazant presenta el marco teórico que orienta su trabajo, es muy interesante y sugerente lo que dice sobre la manera en la cual pasar del conocimiento de los espacios (macro, medio y micro) en los cuales transcurre la experiencia vital de Clemente A. Neve y como esto los transforma en lugares, es decir en contextos más cercanos, seguros. Milada Bazant invita el biógrafo a asumirse como biógrafo flâneur, a estar abierto a la curiosidad y asombro. Me gustó mucho el uso del término flâneur. Tal vez yo le añadiría el de excursionista porque la flânerie es algo típicamente urbano, burgués, y se ejerce más hacia el paisaje humano y menos hacia el paisaje físico, natural, como es el caso del excursionista. En efecto, como lo subraya la autora, en diferentes momentos de su vida, Neve, que ejerció su trabajo tanto en el contexto urbano y en el espacio rural del Valle de México, tuvo que recorrer, casi diariamente el espacio rural cercano a la Ciudad de México. La casi inmersión en el paisaje ha sido entonces algo de constante en su vida.

Gracias a este marco teórico aquí resumido muy rápidamente y al amplio lugar que le da a la iconografía, Milada Bazant se propone “fomentar la imaginación y transmitir con riqueza narrativa las vivencias del maestro”. Tratándose de un “ejercicio metodológico”, Milada no se ha sentido obligada a enfocar toda la vida de Neve (lo que se hace en una biografía clásica) sino sólo “algunos episodios de su vida durante los años del Segundo Imperio”. Personalmente he apreciado que decidiera concentrarse sólo en un periodo limitado de la vida de este hombre, cuyo recorrido existencial cubrió 4/5 partes del siglo XIX (1820-1904). Creo que tenemos que acercarnos, aún más de lo que ya se hace, al género biográfico sin respetar necesariamente el modelo del ciclo de vida. Dicho esto, en la segunda parte del artículo la autora logra solo en parte, por decirlo así, aterrizar las importantes reflexiones hechas en la primera. Esto se debe tal vez a su elección de no concentrare exclusivamente en la figura de Neve. Por ejemplo, la narración de la visita que Maximiliano de Habsburgo hizo, el 1 de junio de 1866, a la escuela dirigida por Neve, un episodio que seguramente merita estar en el centro del relato, es visto demasiado desde el punto de vista del Emperador y su secretario. Además de esto, me hubiera gustado un tipo de redacción más empático con la experiencia personal de este maestro, su voz y sus acciones quedan demasiado en segundo plano. Aun si esto se debe, seguramente, al hecho que el objetivo del texto era más de carácter metodológico, el apasionado por las historias de vida que soy no puede no sentirse un poco “hambriento” frente a la falta de más datos biográficos sobre Neve y de análisis e interpretaciones de éstos. Dicho esto, estoy cierto que en la redacción del libro que está preparando sobre este maestro de primeras letras, Milada Bazant nos permitirá satisfacer esta curiosidad para el nivel más individual.

Otro punto que es siempre muy problemático en la escritura (y concepción) de un texto de carácter biográfico es la articulación entre los comportamientos personales, y en general la escala individual, y los diferentes “macro” contextos que nos ayudan a entenderlos, y, por lo tanto, a darles un sentido que vaya más allá de un gesto particular, del nivel de lo puramente anecdótico. Además del gran bagaje de conocimientos que presupone esta suerte de dialéctica entre lo individual y lo general (o generalizable), creo que lo que es casi más difícil es la redacción, es decir cómo expresar el nivel macro o contextual en una escritura que tiene que ser fundamentalmente narrativa. Alcanzar el equilibrio entre estos dos enfoques y niveles distintos es sumamente difícil. Tal vez es por esta razón que la lectura de estudios de caso presentados bajo forma de ensayo nos deja generalmente insatisfechos. Pero creo que el fin principal, por lo menos para un investigador, no es satisfacerse con la lectura del trabajo de sus colegas sino recibir estímulos y cuestionamientos. El trabajo de Milada Bazant seguramente cumple con estos objetivos y por esto aconsejo su lectura, en particular para los estudiantes u jóvenes investigadores que quieren lanzarse en el reto de una investigación de escala individual. En este texto encontrarán varios estímulos para nutrir sus reflexiones y ayudarlos en la primera fase de la investigación y redacción.

Paso ahora al texto de Daniela Spenser, “Historia, política e ideología fundidas en la vida de Vicente Lombardo Toledano”. Esta autora ha dedicado en años recientes otros artículos a la vida y obra de este gran sindicalista y ha coordinado un libro que permite entender el macro contexto en el cual se sitúa buena parte de su actividad política y sindical (Espejos de la Guerra Fría: México, América Central y el Caribe, 2004). En este artículo la perspectiva principal no es propiamente de carácter metodológico, como en el texto de Bazant, sino más bien de cómo articular la vida (y la representación que de ésta se quiere dar) de un individuo con uno de los principales ámbitos en los cuales ésta transcurrió y la orientó. Daniela Spenser aborda este problema a través del ejemplo de la relación de Lombardo Toledano (1894-1968) con la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL), fundada por él mismo en 1938. Antes de pasar a un breve comentario de este trabajo, quiero señalar que para mí ha sido muy estimulante tener la oportunidad de leer en profundidad dos textos que tratan casi de los extremos de los protagonistas del género biográfico tal cual se ha configurado a partir de los años ’60, época de comienzo de un “giro” historiográfico que aún sigue influenciando nuestra manera de hacer historia. Después de un maestro de origen indígena, es decir un hombre del pueblo, veamos a un hombre público, un protagonista de la vida política mexicana entre los años 1930 y 1960. Este contrasto incita a un dialogo implícito entre los dos objetivos opuestos, y por esto complementares, del enfoque biográfico.

La autora empieza relatando el origen de la entrevista hecha por dos jóvenes investigadores, un estadounidense y una guatemalteca, los conjugues James y Edna Wilkie en 1964 y 1965 (México visto en el siglo XX, entrevistas de historia oral, 1969). Este documento permite ver la manera en la cual Lombardo Toledano “reescribe” su historia personal (y pública) a fin de presentar una imagen, por decirlo así, “corregida” (o editada). Para Daniela Spenser, en esta entrevista Lombardo Toledano “proyectó algunos pasajes de su vida no como ocurrieron, sino como hubiera querido que ocurrieran y como quería que la historia los recordara” (71). Para ejemplificar esta suerte de proceso de “reinvención” de la historia, personal y sindical, la autora se concentra en el relato proporcionado por Lombardo Toledano de los acontecimientos que llevaron a la disolución, en 1963, de la CTAL. De los cuatros textos de este número, él de Daniela Spenser es para mí el que llega hasta casi las fronteras del género biográfico, donde ya no es fácil clasificar un texto y definir de manera univoca lo que es. Esta suerte de ambigüedad se debe tal vez al hecho que en el caso de Lombardo Toledano es difícil separar la vida de este hombre de la confederación sindical que fundó y dirigió por un cuarto de siglo. En efecto él mismo, en palabras de la autora, “negaba que la subjetividad y las relaciones personales tuvieran importancia en la historia”; “Lombardo Toledano consideraba accidental la subjetividad porque la historia se movía por leyes inexorables y él era su encarnación”. Dejando de lado la ambigüedad de la última frase (que suena casi mesiánica, lo que tal vez podría ofrecer una pista de investigación para descifrar la opacidad que parece rodear la vida de este hombre), quiero contrastar esta suerte de auto-anulación de su personalidad y de su vida, con el retrato casi opuesto de Lombardo Toledano que aparece en el testimonio dado por los delegados checoslovacos, en 1955, luego de haber visitado la CTAL en México. Según el informe que redactaron a su regreso (informe en el cual parece tuvo influencia un comunista brasileño opositor de Lombardo Toledano). Se trataba de “‘un real individualista’ quien se dedicaba a imprimir circulares, aparecía poco en las oficinas del sindicato, y no aseguraba el trabajo colectivo”. Este testimonio, que por supuesto no es objetivo, tiene una suerte de integración en lo que escribió, casi en los mismos años, un delegado venezolano de la CTAL, Rafael Quintero. Según éste, la CTAL era dirigida por una elite que no tomaba verdaderamente en cuenta las opiniones de los obreros, no había una adecuación entre lo que pensaba la base y lo que decidían los dirigentes. Aun si el juicio de Quintero surgía más de su conocimiento directo del sindicato venezolano, esta manera de dirigir el sindicato “reflejaba la visión de Lombardo Toledano”, como lo señala Daniela Spenser.

Llegado casi a los setenta años, Lombardo Toledano se ve obligado a disolver el mismo la organización que lideraba desde hace 25 años presentando este hecho como “el cumplimiento de su misión histórica” (de esta organización). A este propósito señalo que, como escribe Mary K. Vaughan en su comentario, Lombardo Toledano no define qué es eso, lo que podría, de manera un poco hipercrítica, ser vista como indicio del carácter retórico de esta expresión. Personalmente me hubiera interesado que Daniela Spenser profundizara el punto de la que se me ocurre definir como el lado “indestructible” de este hombre; como escribe la autora, “Lombardo Toledano sobresalía hasta en su declive”. Desde este punto de vista me parece que el estudio de la biografía de Lombardo Toledano podría ayudar a entender destinos parecidos de algunos militantes del movimiento comunista internacional que hicieron buena parte de su carrera política en la época estalinista. Uno de estos aparece en la nota 35 como destinatario de una carta escrita por Lombardo Toledano en 1964, sucesivamente a la disolución de la CTAL, se trata del italiano Vittorio Vidali, un agente de la internacional comunista desde finales de los años 1920. A pesar de las diferencias (Vidali fue mucho más hombre de acción y es muy probable que llegó hasta a ser algo de cercano a un sicario estaliniano), nos encontramos con hombres que parecen vivir sólo en/de su actividad política. Por supuesto así no fue y sería interesante profundizar en la vida personal de personas como Lombardo Toledano. Me pregunto si su manera “elitista” de concebir su trabajo político no refleja al final de cuentas una educación y visión del mundo algo jerárquica y paternalista. Un punto que no sé si es original pero que me interesó mucho es la relación conflictual que este sindicalista tuvo con los partidos comunistas latinoamericanos, en particular el mexicano, lo que no deja de sorprender si confrontado con la admiración y casi dependencia con la Unión Soviética y su líder máximo, Stalin.

Creo que lo que se tiene que estudiar muy cuidadosamente en individuos como Lombardo Toledano es la manera en la cual su talento intelectual y, en el caso específico, sus competencias retoricas, les permiten construir un destino individual y una imagen de ellos mismos que parece volverse como una segunda piel, como una máscara que ha adherido de manera tan perfecta a sus facciones al punto de fundirse con ellas. Tal vez me he dejado llevar por la suerte de atracción y repulsión que me produce este tipo de individuos, su seguridad y falta de dudas (por lo menos en apariencia) los convierten en una suerte de emblemas del éxito. Aun si al final su proyecto político ha fracasado lo que atrae es el hecho que éste les ha permitido vivir gran parte de sus vidas, de manera intensa, luchadora, activa, no han dejado que las dudas perturbaran su camino… O ¿tal vez todo ha sido una fachada y una estrategia para alcanzar el poder, para dar de sí mismos una imagen “atractiva”, ganadora, exitosa, y en su foro interior en realidad fueron individuos cargados de dudas y frustraciones como la mayor parte de los humanos?

A manera de muy rápida conclusión señalo que la pequeña muestra de textos de escala individual presentados en este no. de Desacatos testimonia de la pluralidad de perspectivas y enfoques de estudio y tipos de escritura que se pueden desarrollar a partir del estudio de un hombre o una mujer. Esta pluralidad, de hecho, se refleja en los muchos nombres que se utilizan para definir los diferentes textos de tipo biográfico: Historias de vida, relatos de vida, estudios de caso, biografías, autobiografías (ficcionales, como la de Pedro Martínez, “relatada” en la interacción con O. Lewis), memorias (siempre ficcionales), diarios. Como ultimísimo comentario voy a decir algo que tal vez no tiene relación directa con lo que precede. En las últimas semanas he visto en varios carteles de películas una frase que me ha llamado la atención: “Basada en una historia verdadera (o en hechos reales)”. Aun si se trata sólo de un pequeño indicio, creo que valga la pena señalar que en nuestra sociedad, aparentemente de más en más dominada por modalidades de intercambio virtuales, sigue fuerte una suerte de demanda de realidad, de historias vividas por gente real, concreta. Se trata de algo que los científicos sociales tendrían que tomar más en cuenta en su trabajo.

Dr. Raffaele Moro, investigador asociado al Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (CEMCA), rfomor@hotmail.com

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