Womack, en la antesala de la Cátedra Katz

Catedra Katz - PROCESOAl cumplirse el primer lustro del fallecimiento del historiador de origen austríaco Friedrich Katz, autor de la más completa biografía de Pancho Villa, el Centro de Estudios Mexicanos de la Universidad de Chicago –que lleva su nombre dará– comienzo a un programa académico en el que participará el también historiador John Womack.

Se trata de la Cátedra Internacional Friedrich Katz, que se realizará de manera anual y rotativa en las sedes de las instituciones organizadoras: Universidad de Chicago (2015), El Colegio de México (Colmex) y el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) (2016), la Universidad Libre de Berlín (2017), la Universidad de Columbia (2018) y la Universidad de Viena (2019).

La cátedra se realizará por primera vez este 30 de octubre con una bienvenida a cargo del historiador Emilio Kourí, director del Centro de Estudios Mexicanos Friedrich Katz, cuando Womack, autor del estudio sobre Emiliano Zapata, dicte la conferencia magistral The Mexican Revo­lution: what it did, what it made posible, and what it did not do (La Revolución Mexicana: lo que fue, lo que hizo posible, y lo que no pudo).

Profesor emérito de la Universidad de Harvard, Womack anticipa vía telefónica desde ese lugar que –como Katz fue historiador– será una reunión de historiadores, tanto mexicanos como estadunidenses, estudiosos de la historia de México.

Dice que aún no ha concluido el tex­to de su ponencia. Aclara que no abordará todo el siglo XX y hasta la actualidad, sino solamente tocará “los años diez, los con­ flictos más violentos”.

¿Por qué elige ese tema?

-Porque Katz era historiador, princi­palmente de la Revolución Mexicana, y yo también lo soy. No quiero hablar de las co­sas que menos entiendo.

En su opinión ¿cuál ha sido la principal aportación de Katz como estudioso de la Revolución Mexicana?

-Hay dos contribuciones: Una, la im­portancia de destacar los factores exteriores, o sea el imperialismo (fue el tema de su primer gran trabajo (La guerra secreta en México, publicado en 1982 por Era). Y, segunda, su estudio enorme sobre el villismo.

Se le pregunta al autor de Zapata y la Revolución Mexicana (1969) en qué punto considera que su obra se une con la hecha por Katz en torno a Villa:

-Tratan de la misma época, del mismo complejo de guerras. En efecto, había cierta colaboración entre el villismo, entre la División del Norte y el Ejército Libertador del Sur, pero no funcionaba bien. Creo que se entiende que la relación entre su trabajo y el mío se da porque nuestros te­mas son dos grandes movimientos arma­dos de fuerzas populares, pero eran muy diferentes.

-Se piensa que Zapata fue un ideólogo, que tuvo un ideario, y que en cambio Villa no, pero Katz llegó a considerar que sí.

-Yo digo que Zapata no tenía ideario ni ideología, era una lucha muy práctica para recuperar los terrenos de los pueblos del sur. Se piensa que tenía una ideología porque llegaron unos jóvenes anarquistas a su campamento. Llegaron después del reparto suriano, de su obra principal de repartir terrenos a quienes tenían re­clamaciones sobre los pueblos con dere­chos, y corrieron a Manuel Palafox, quien había hecho el reparto.

Lo de Zapata no era propiamente un ideario o una ideología, sino una posición firme por recuperar la tierra de la cual ha­ bían sido despojados los pueblos. Y Villa “tampoco tenía ideario o ideología, pasa­ba por su cuartel gente letrada, pero él era un guerrero tremendo, encabezaba un movimiento de gente del norte trabajadora y rancheros y con una masa de soldados”.

Su gente nunca había tenido tierra y deseaba tenerla, pero, ”como demostró Katz”, Villa no les repartió tierra porque una vez que la tuvieran irian a quedarse en casa y él necesitaba un ejército. Su propósito era ganar el poder para conseguir logros sociales y agrarios, luchar contra los grandes hacendados, “pero no tocaba a las minas… Era una guerra, y en el sur igualmente, pero una guerra por una razón especifica: las tierras de los pueblos”.

Reconocimiento de colegas

Inmediatamente después de la conferen­cia magistral de Womack, se llevará a cabo el panel “Nuevas investigaciones sobre te­mas katzianos” con la participación de Pa­trick Iber, de la Universidad de Texas, con Humanismo, revolución y las leyendas negras del siglo XX; Casey Lurtz, de la Universi­dad de Harvard, con Rethinking the Porfirian Countryside-Export Agrículture an Rural Development in Chiapas; y Berthold Molden de la Universidad de Viena, con Historia global avant la lettre. El impacto de Friedrich Katz sobre la historiografía de la Primera Gue­rra Mundial.

También José Luis Ramos, de la Universidad de Valparaíso, con The Origins of United States-Mexico History and the Persis­tence of Progressiuism, y Julia Young, de la Universidad Católica, con Catholic Nationa­ lism in the Mexican Diaspora. El moderador será Mauricio Tenorio, de la Universidad de Chicago.

Emili Kourí, profesor de historia y de lenguas romances y literatura, y director del Centro de Estudios Mexicanos Frie­drich Katz, dice por teléfono que desde la muerte del historiador nacido en Viena, Austria, en 1927, y fallecido el 16 de octubre de 2010 en Filadelfia, Estados Unidos, se conjuntaron diversas personas e ins­tituciones para analizar la posibilidad de realizar actividades que mantuvieran la discusión sobre los temas de investiga­ción que más le habían interesado.

Estaban los relacionados con el ámbito internacional, como la historia de México y el agrarismo, pero también los vinculados con su propia vida, como el tema de los refugiados de la Segunda Guerra Mun­dial, los exilios en Méxíco, el suyo propio pues Katz llegó a México en 1940 duran­te el gobierno de Lázaro Cárdenas, a quien también estudió.

Lo consideró artífice de la segun­da etapa de la Revolución Mexicana, con un proyecto “casi sin violencia, sin terror, tuvo violencia pero no terror, en contraste con Rusia, donde el terror desembocó en la dictadura deificada de un hombre, lo mismo en China(…) Y terminando su pe­riodo Cárdenas dijo: ‘Me voy, quiero la paz en México, no voy a imponer mi voluntad’. Y no la impuso”, dijo Katz en una entre­ vista con esta reportera en junio de 2002.

Las actividades en torno a Katz co­menzaron hace tiempo. Kourí recuerda que hace unos años se celebró un congre­so de americanistas en Viena con una se­sión plenaria en honor al historiador autor de Revolución y exilio en la historia de MéxicoDel amor de un historiador por su patria adoptiva, y a su obra. Por lo relatado por el pro­fesor en Chicago podría incluso deducirse que fue una reivindicación:

“Tuvo mucho significado porque él ha­bía hecho su primer doctorado en la ciu­dad de Viena, poco después de la Segunda Guerra Mundial, pero en un momento en el cual las posibilídades de empleo acadé­mico en Austria estaban completamente cerradas para personas como él, tanto por ser judío como por descender de una fa­milia de origen y filiación comunista.”

Celebra entonces el hecho de que dé­cadas después la Universidad de Viena, en su aula magna, hiciera esta reunión e in­ clusive comenzara ahí la idea de organi­ zar la cátedra internacional que se llevará a cabo este viernes 30 de octubre.

Ahí se concertaron los intereses de las instituciones organizadoras, las universida­ des de Viena y Libre de Berlín (en Europa), donde curiosamente no fue profesor Katz, sino en la de Humboldt; el Colmex y el CIE­SAS, (México); y la Universidad de Columbia en Nueva York, “donde son catedráticos dos de sus cercanos colegas: John H. Coatswor­ th y Claudia Lomnitz”. El Centro de Estudios Mexicanos de la Universidad de Chicago quedó como coordinador.

-Para México la obra de Katz es fun­damental por sus aportes al estudio de la Revolución Mexicana. A nivel internacio­ nal, ¿por qué es importante preservar su memoria?

-Genéricamente hablando, una de las grandes contribuciones de Katz a la historia de México es esa insistencia a entenderla en el ámbito internacional, global, producto en buena parte de su propia experiencia, como exiliado europeo en el México de Lázaro Cárdenas. Y eso no se puede entender sin el contexto de la Segunda Guerra Mundial, el fascismo y el comunismo en Europa, y el papel que México jugó.

Menciona también que, más allá de estas temáticas, una importante aporta­ción de Katz –cuando fue investigador de historia de México y trabajó en Viena y posteriormente en Berlín– fue su facilidad de acceder a archivos europeos que, por problemas del idioma, no fueron consul­tados por otros estudiosos. El leía en alemán, francés y otros idiomas.

El haber estudiado a México en el con­texto global fue, a decir de Kourí, también una gran aportación en la historia moder­na mexicana, que había sido vista en un espacio “muy nacional únicamente”. Katz mostró que hay intereses y contradicciones globales en los cuales México ha estado inmerso.

“Es una lección que vale la pena repetirse, porque la tendencia de todos es casi siempre volcarnos hacia lo interno, hacia lo más obvio, lo más inmediato, y la obra de Katz y la de Villa nos recuerdan que hay muchas cosas que no se entienden si se limita el enfoque o el área de análisis al espacio nacional. En el caso de la revolución, incluyó a Estados Unidos y a otros actores, pues aunque las cosas parecen surgir desde más abajo, como el movimiento de Villa, tuvieron que lidiar con estas fuerzas internacionales: Estados Unidos, el tráfico de armas en la frontera, los agentes estadounidenses, alemanes”.

Recuerda también que por el profundo afecto que Katz sintió por México y por Lázaro Cárdenas, de quien dijo que le ha­ bía salvado la vida a su família y lo lleva­ ba siempre muy presente, se interesó en conocer la cultura mexicana y eso lo lle­vó a dedicar sus estudios profesionales a México: “Recordemos además que no se limita a los temas que todos conocemos de la revolución y la guerra fria, sino que incluyó en un principio a las culturas prehispánicas; su primera tesis –porque en los sistemas ger­ mánicos se hacen dos– fue un estudio comparativo entre el imperio azteca y el imperio inca, un libro muy importante que se ha traducido y circula en una versión al español en México. Y sólo cuando ya se instaló en Berlín movió sus intereses para su segunda tesis doctoral.”

La Cátedra Internacional Friedrich Katz de 2016 será en la Ciudad de México.

Por Judith Amador Tello, publicado en el número 2034/25 de octubre de 2015 de la Revista Proceso.

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